A mí cada noche me parece una noche serena. De niña, vivía en el norte donde todas las ciudades están separadas. Nuestra casa se quedaba treinta minutos lejos del pueblo más cercano. Mi mamá siempre nos conducimos a nuestra casa de algún programa en el que acabábamos de participar. Mientras viajar por la noche, siempre miraba por la ventana hacia las estrellas. Cada noche me parecía una noche muy serena. Era un tiempo de silencio, una interrupción en la sin fin corriente de gritas que procedían de mi hermano. Era un tiempo de pensar y meditar. Ahora, cuando estoy afuera por la noche, me relajo. Aun lo hago cuando hay una tormenta. Recuerdo la primera vez que no tenía miedo de una tormenta eléctrica. Estaba sentada en una mesa para picnic cubierta por techo de madera, sin paredes, con unas amigas muy buenas, y mirábamos la tormenta por la noche, seguras y relajadas. Desde aquel momento me han encantado los relámpagos y el trueno. Además recuerdo otros momentos, durante avisos de tornados, cuando nos juntábamos en el baño o en el sótano. Aun cuando las paredes temblaban, sentía tan tranquila.
Pues no me importa que pase por la noche. Siempre me queda bien. En la oscuridad recuerdo los momentos de paz durante una niñez difícil. Recuerdo tiempos preciosos con amigas. Pero sobretodo, en la oscuridad, recuerdo que Dios siempre está conmigo y que nunca me soltará.
Tuesday, September 29, 2009
Subscribe to:
Post Comments (Atom)

No comments:
Post a Comment